viernes, 15 de febrero de 2019



AMAZONÍA VENEZOLANA:
LOS CLAMORES DE LA TIERRA
Y DE LOS PUEBLOS QUE EXIGEN RESPUESTAS


Religión
→REPAM

Los integrantes del Comité Central de la Red Eclesial Amazónica (REPAM) renovados por la celebración de la Resurrección de Jesucristo, que reanima en nosotros la alegría y la esperanza, conscientes de los profundos desequilibrios e injusticias de la sociedad actual, en nombre de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) queremos compartir con las comunidades cristianas y con la ciudadanía en general algunas inquietudes sobre situaciones y peligros que nos amenazan, y reconocer, también, signos de esperanza que invitan al compromiso.

Situaciones que amenazan y cambios de política minera en Venezuela.
Se le está imponiendo a nuestro país una orientación en contra de lo que determina nuestra Constitución, que ha generado y agudizado situaciones insoportables de hambre, pobreza y miseria, inseguridad ciudadana, emergencia sanitaria, persecución política, migraciones arriesgadas porque se ha desdibujado, sobre todo para los jóvenes, un horizonte de futuro digno en nuestra patria… Es una experiencia que la mayor parte de la población sufre día a día, aunque haya quien no quiera verlo o que busque excusas y culpables en cualquier parte, con tal de no asumir su innegable responsabilidad.
La gravedad de estas situaciones puede llevarnos a dejar de lado problemas que, por parecer menos urgentes en lo inmediato, pueden tener, y ya están teniendo, consecuencias desastrosas en todos los órdenes de nuestra realidad e hipotecando gravemente el futuro. Nos referimos al tema de la ecología, por el creciente extractivismo desenfrenado que se ha ido implementando en los últimos tiempos, con consecuencias desastrosas en campos tan variados como el calentamiento global, las fuentes de agua, la destrucción de los bosques, la agresión a los pueblos que habitan esas zonas cada día más devastadas.
Sabemos que es una situación que afecta a toda la Amazonía y por ello, como organización que abarca todos los países amazónicos, queremos plantear a la sociedad y a todos los que nos consideramos Iglesia, las inquietudes y llamadas a la responsabilidad común que tales situaciones exigen, pero fijando preferentemente nuestra reflexión a partir de la realidad venezolana.

La preocupación por el cuidado del medio ambiente en nuestro país ha estado presente desde hace largo tiempo, como lo demuestra la creación del Ministerio del Ambiente en el año 1977. Sin embargo, por varias décadas ha sido necesario redoblar su defensa ante proyectos invasivos o explotaciones ilegales. En los últimos años el Estado Venezolano ha emprendido una nueva política minera de forma vertiginosa e invasora (arrasadora). Con la creación del “Arco Minero del Orinoco”, y la firma de convenios con diversos Gobiernos y Compañías Trasnacionales, para la exploración de minerales en diferentes lugares del país, especialmente en la región Guayana; en los años 2011-2013 se ha producido un cambio radical en la política minera. Poco después, por el Decreto 2.248 del 24 de febrero de 2016, el Gobierno Nacional decide atribuir a los militares “todo lo relativo a las actividades lícitas de servicios petroleros, de gas y explotación minera en general, sin que esto implique limitación alguna” y autoriza la creación de la empresa Cammempeg. El Presidente de la República, en cadena nacional, anunció la firma de acuerdos con empresas mineras para la exploración y certificación de oro, cobre, coltán y otros minerales. De esta manera se pretende poner en marcha el motor minero ante la baja de los precios del crudo.

Más allá de las declaraciones utópicas, la apertura de concesiones, sumado a la presencia de personas y grupos dedicados a la minería ilegal, han multiplicado los escenarios de explotación minera en amplias regiones y, en muchos casos, en condiciones de auténtica devastación y destrucción de la naturaleza, y de exclusión y agresión de los pueblos que habitan esas tierras. La comunicación oficial de tales proyectos, presentados como solución de problemas nacionales e impulso de desarrollo, no se ha visto acompañada por notificaciones concretas de su desempeño real. Son muy escasas, casi inexistentes, las noticias oficiales al respecto. Lo que las redes sociales difunden habla de devastación e hipoteca del futuro.
Por ello, denunciamos el modelo extractivista presente en Venezuela, así como en muchos países de América Latina y el mundo, ya que es un modelo que implica un desarrollo insostenible, un empobrecimiento acelerado, una fuerte dependencia a las variaciones del mercado manejado por las corporaciones transnacionales, y el debilitamiento sin precedentes de los Estados nacionales que quedan a merced de las corporaciones, insertándose sumisamente en el mercado internacional. Las actividades extractivistas forman parte de un modelo económico dominante que ha separado a lo humano de la naturaleza, y entiende a ésta como un modelo infinito de extracción de materias primas.



Voces que se levantan
Son muchas las voces que se han levantado en contra de la destrucción ambiental y de la creciente exclusión poblacional y cultural que esta política está generando. Diferentes organizaciones indígenas han denunciado reiteradamente, ante las autoridades correspondientes, frecuentes atropellos a sus derechos pero, de ordinario, han recibido como respuesta el silencio y represalias. Investigaciones de especialistas a menudo alertan a la sociedad y a diferentes organismos sobre estos problemas, con escasa resonancia a sus planteamientos y reclamos, debido a los poderosos intereses que están en juego. Saltan a la luz pública, de vez en cuando, noticias que, por su notoriedad (masacres, ajusticiamientos…), rompen los cercos comunicacionales y circulan a través de las redes sociales, ignoradas por parte de los responsables.
Las declaraciones oficiales justifican el incremento de la actividad extractivista por la necesidad de mayores ingresos económicos y hasta por un supuesto desarrollo en vistas al futuro. Sin embargo resulta obligatorio denunciar el hermetismo sobre el cumplimiento real de las condiciones mínimas de explotación exigidas por la naturaleza de esta actividad. Son indispensables la información y la transparencia para que el desarrollo minero pueda ser encuadrado en sus justos límites y evite las evidentes consecuencias negativas que se producen tanto con relación al ambiente como a las poblaciones que habitan en esas zonas.
Los conflictos socio-ambientales impactan profundamente a todos los venezolanos (acceso al agua potable, cortes eléctricos, acumulación de desechos sólidos…) y trasciende más allá de nuestras fronteras, principalmente porque muchas de estas dinámicas ocurren en la Amazonía, territorio que compartimos con ocho países de la región.

La postura de la Iglesia Universal y Latinoamericana
Ante esta situación que nos afecta directamente, así como también tiene efectos nocivos para toda la humanidad, la Iglesia ha tomado, desde hace años, posiciones precisas, dirigidas a la toma de conciencia de la gravedad de los problemas y de sus notables consecuencias, y a proponer soluciones de respeto y equidad. Entre ellas, la encíclica del Papa Francisco “Laudato Si´” ha sido un instrumento esclarecedor y estimulante, que se ha convertido en un punto de referencia para todos. Desde su publicación, en 2015, ha removido muchas conciencias y promovido iniciativas para afrontar con claridad y decisión un asunto tan determinante para el futuro inmediato de la humanidad.
En nuestro ambiente latinoamericano, el Consejo Episcopal de América Latina y El Caribe (CELAM), en su Vª Asamblea celebrada en Aparecida (Brasil) en mayo del 2007, retomó el tema de la ecología centrándolo principalmente en la Amazonía. 
Pocos años después, en septiembre de 2014, el CELAM  le dio un decidido impulso a su compromiso con la creación de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) para la articulación de todos los esfuerzos e iniciativas que la Iglesia viene desde hace tiempo realizando en esta inmensa región. Desde su creación, esta red ha venido aumentando su alcance estableciéndose en las 9 naciones que forman parte de la Amazonía y consolidando su servicio de relación y apoyo.
Hace pocas semanas, el CELAM ha querido retomar la Encíclica “Laudaro Si´” y aplicarla a nuestra realidad latinoamericana publicando la Exhortación Pastoral “Discípulos Misioneros Custodios de la Creación”, En ella se ponen en relieve aquellos puntos de la encíclica del Papa Francisco con mayor relevancia para nuestro continente. Nos parece otro punto de referencia importante que nos invita, como Iglesia y como ciudadanos, a una conversión a la ecología integral para que cuidemos nuestra casa común.
Finalmente merece especial mención la iniciativa que ha tenido el Papa Francisco de celebrar un Sínodo Extraordinario de Obispos para la reflexión de toda la Iglesia sobre el tema de la ecología integral, centrado en la Amazonía, por las repercusiones que para todo el mundo y para la Iglesia tiene esta cuestión tan importante. El Papa lo refleja en el título que ha dado a este Sínodo: “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Estamos centrando los esfuerzos en la preparación de este acontecimiento.

El compromiso de la Iglesia en Venezuela
Podemos decir que la Iglesia en Venezuela, junto con la de nuestro continente y de todo el mundo, se siente preocupada por la depredación de la naturaleza y el descuido y exclusión de los pobladores de las zonas devastadas. Esperanzada por los valores positivos y resistencia que se comprueba en la cultura de los pueblos aborígenes, en la labor de los misioneros que les apoyan, y en tantas personas sensibles y comprometidas con el cuidado de la naturaleza y el futuro de los pueblos, se siente motivada a buscar caminos nuevos que consoliden las comunidades cristianas existentes o por construir, y que cuiden el bien de la creación para el disfrute compartido por todos, y para las generaciones futuras.
Desde hace ya casi un siglo la Iglesia ha retomado su presencia en estas zonas con la finalidad de atender a los pueblos indígenas, que ancestralmente habitan en ellas, con programas de salud y educación, de asistencia y desarrollo, de organización y evangelización. Ha sido un largo caminar de hombres y mujeres que ofrecieron lo mejor de sus vidas a estos hermanos, frecuentemente excluidos y desamparados. Se avanzó con tropiezos y errores, pero también con grandes aciertos, con mucha dedicación y amor, y con creciente inculturación y apoyo para que esos pueblos se fueran haciendo sujetos de su propio destino.
En 2015 la Iglesia en Venezuela se incorporó a la organización de la REPAM actualizando la relación que desde hacía años se venía teniendo con las Iglesias locales de la Amazonía. Valoramos también lo positivo del esfuerzo de apoyo mutuo entre las Iglesias Particulares que formamos parte de la Amazonía venezolana. Y reconocemos la oportunidad de relacionarnos y colaborar con las numerosas instituciones y personas que vibran por la defensa y valoración de la naturaleza en nuestro país. Nos vamos consolidando y esta rueda de prensa quiere ser una expresión de compromiso con nuestra realidad venezolana.

Desafíos que nos comprometen
Hacernos eco: La Iglesia en Venezuela, a través de la Conferencia Episcopal y de las comisiones que desarrollan un compromiso social y acciones de apoyo a los pueblos indígenas y afrodescendientes, hace suyos los clamores que resuenan en tantas partes para que se logre una situación de justicia y defensa de la naturaleza y reclama una actuación que tenga en cuenta el bienestar y los derechos de toda la población, y de las generaciones futuras, amenazados por proyectos que buscan fundamental o exclusivamente intereses económicos particulares; hacerse eco asimismo de las numerosas denuncias de los pobladores de esas regiones, sobre todo de las organizaciones indígenas que protestan en defensa de sus derechos, como lo determina la Constitución Nacional Bolivariana.
Custodios de la Creación: Nos sentimos interpelados por los llamados que el Papa Francisco y las autoridades del CELAM nos hacen a través de sus exhortaciones, para que nos hagamos custodios de esta casa común, la cuidemos, la defendamos para el disfrute de todos y de las generaciones futuras, unidos a todas aquellas personas que luchan por un uso adecuado y respetuoso de la naturaleza promoviendo una ecología integral.
Una Iglesia con rostro amazónico: Renovamos nuestro compromiso con los pueblos que habitan estas tierras para llevarles la Buena Noticia de Jesucristo, el Salvador enviado por nuestro Padre Dios para que se haga realidad en nuestro mundo su Reino de justicia, amor y paz, para acompañarles en la maravillosa aventura de hacerse dueños de su destino, de fortalecerse desde sus culturas y de intercambiar con otras sus saberes y espiritualidad, y para que, al hacerse sus discípulos y misioneros, sean el rostro indígena de la comunidad de los seguidores de Jesucristo, el Señor.
Formar red: Estamos llamados a tejer una red con todas las instituciones y personas que asumen este proyecto de defensa y promoción de la Amazonía, para su preservación y disfrute compartido, y teniendo en cuenta a sus habitantes: pueblos indígenas, ribereños, criollos…, que han sabido respetarla, amarla como fuente de vida y de identidad propia. La REPAM quiere ser una más de tantas “redes” que ya existen y sumar sus esfuerzos para el bien de todos.
Unidos a las comunidades cristianas de Venezuela y bajo la protección de nuestra Protectora, Nuestra Señora de Coromoto, saludamos a todos nuestros hermanos venezolanos

Los miembros de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) de Venezuela
Caracas, 5 de abril de 2018
 

miércoles, 6 de febrero de 2019


LA CIUDAD COMO ECOSISTEMA
PUERTOAYACUCHO SOSTENIBLE
       
Héctor Escandell García
Oficina de Derechos Humanos del Vicariato

Catedral María Auxiliadora
La ciudad es el producto más generalizado y evidente del modelo civilizatorio emprendido por la humanidad a través de los distintos momentos de su historia. En ciudades vive hoy más del 65 % de los habitantes del planeta, llegando al 80 % en América Latina y al 90 % en nuestro país, Venezuela.  Pero la ciudad no es sólo la aglomeración de seres humanos, también y particularmente es el  lugar donde convergen y se expresan las distintas culturas, cuyas cualidades se interrelacionan de múltiples formas, otorgándole su carácter heterogéneo. Es decir, no hay una ciudad igual a otra; la infraestructura  y el  equipamiento, la historia,  la función dominante, participan también en conferirle su propia identidad.
La ciudad puede entenderse como un sistema de gran complejidad, que aumenta geométricamente en tanto crece el número de sus pobladores y, aún más, cuando incorporamos en el análisis a los otros sistemas vivos y elementos naturales inertes que coexisten en ella; por ejemplo: el clima, la atmósfera, los suelos, el subsuelo, los animales, la vegetación, los microorganismos.
Esa complejidad amerita para su comprensión un abordaje particular, capaz de considerar la multiplicidad de hechos y relaciones que se producen de manera dinámica y que generan como resultado las condiciones de habitabilidad que disfrutan o sufren sus habitantes. Este enfoque debe ser necesariamente ecológico, donde la ciudad se entienda a través de la materia que la constituye y la energía que fluye, se transforma y se disipa desde que entran al sistema hasta su salida, en forma de agua “potable” y  residual, combustibles, electricidad, alimentos, materiales, desechos y residuos sólidos, efluentes atmosféricos…
El ecosistema ciudad requiere de los componentes del entorno, cercano o lejano: minerales, madera, energía fósil, agua, alimentos, productos manufacturados, para procurar su equilibrio funcional, pero en la medida en que lo hace produce alteraciones en el entorno donde los obtiene, que en algunos casos, puede manejarlos (resilencia) y en otros se convierten en pasivos ambientales y sociales (degradación de ecosistemas, la pobreza, la exclusión…). Algo parecido ocurre con las salidas del sistema ciudad cuando depositamos en el entorno las aguas contaminadas, los desechos y residuos, los efluentes atmosféricos…
Con la intención de mantener o recuperar el equilibrio del ecosistema ciudad, la sociedad  ha desarrollado centros de control propios y externos, que están a la vez en complementariedad y en antagonismo. Así, el ecosistema ciudad está integrado por un conjunto de sistemas: individuos, empresas, gobiernos…, que integran a su vez el medio donde opera el ecosistema. De esta manera el ecosistema ciudad suele tener un orden mayor que el ecosistema natural, en tanto cuenta con diversas herramientas de orientación y regulación: el Estado, las leyes, los reglamentos, las instituciones, la tecnología. Paradójicamente tiene un desorden mayor debido a las conductas de los individuos, que son menos rígidas y programadas que las de los demás seres vivos.
La ciudad es también un espacio y un mecanismo para obtener acuerdos, ya que como centro de la civilización constituye el lugar ideal para la política y, lamentablemente en muchos casos, para el populismo y la demagogia. Es además un lugar de inmigración (receptora de población diversa), donde se expresa una creciente intervención del capital financiero, que en demasiadas ocasiones se impone sobre las necesidades de  la ciudad y de sus ciudadanos; por ejemplo, cuando se gastan dineros públicos en obras no prioritarias o en actividades que no se reflejan en mejoras de las condiciones de vida; por no hablar de la corrupción o la exclusión para aquellas mayorías que no pueden acceder a bienes y servicios esenciales.
En términos generales, las ciudades latinoamericanas y entre ellas las nuestras, se caracterizan por la precariedad de las condiciones en las que viven la mayoría de sus habitantes. Entre estas condiciones merecen especial atención aquellas referidas al acceso al agua potable y  al saneamiento ambiental (aguas servidas y desechos urbanos), a fuentes de energía eficientes, asequibles y no contaminantes, además de servicios públicos de educación y salud de calidad. Como resultado las ciudades son las principales responsables de los problemas socioambientales.
La masificación, el ruido, la mala disposición de los desechos, la inseguridad, la voracidad energética, la contaminación atmosférica, la degradación del entorno, la inequidad, el consumo exacerbado de agua potable y de todo tipo de bienes, y su condición de islas de calor y nidos de epidemias, constituyen las principales características de nuestras ciudades. Estas condiciones son evidentemente contrarias al objetivo superior que es proporcionar vida de calidad a la sociedad.
Lo dicho, evidencia la crisis persistente en la gestión de las ciudades, derivada de la incapacidad de entenderlas en su complejidad y el predominio de criterios economicistas y populistas clientelares en la toma de decisiones en el ámbito urbano.
La ciudad venezolana típica vive en permanente transformación, modificando irreversiblemente el medio natural donde se asienta y afectando de forma sustantiva el entorno. En la ciudad todo se ha convertido en mercancía y se ha impuesto la lógica de la producción, la obtención de beneficios económicos individuales, en el marco de un mercado creciente. Todo lo que se construye está hecho para ser destruido; no hay acumulación de patrimonio y la historia se diluye. La improvisación y la especulación constituyen las prácticas de gestión dominantes.
Este retrato genérico de la mayoría de las ciudades venezolanas, a mi entender pertinente para Puerto Ayacucho, constituye el obstáculo principal hacia la transición a la sostenibilidad, planteada en distintos foros globales y que en algunas naciones ha logrado significativos adelantos en la procura de humanizar los espacios urbanos.

Av. 23 de Enero
Si bien en las actuales condiciones económicas y sociopolíticas del país, podría parecer ocioso y sin sentido invertir tiempo y energía en pensar en las posibilidades de cambios estructurales, que viabilicen una condición general de vida digna para la gran mayoría de la sociedad venezolana y, en particular para nuestra ciudad y sus habitantes, creemos pertinente estimular el ejercicio de imaginar a Puerto Ayacucho como una ciudad sostenible, capaz de brindar vida de calidad a todos.
En el tránsito por la utopía, entendida como el esfuerzo racional por reinventarnos, humanizándonos, seguidamente planteamos algunos temas que podrían contribuir al paso desde la sobrevivencia característica e indeseable hacia el vivir bien.
Para ser sostenible, la ciudad debe ser bien administrada; por tanto,  hay que preparase bien y  previamente para ello. Deben establecerse sistemas de controles eficientes y participativos, mientras que paralelamente  deben crearse las condiciones para que la ciudad no resulte excluyente. Como vemos, no es tarea fácil como para dejarla en manos de políticos típicos.
Puerto Ayacucho en su singularidad presenta no sólo características propias de su ubicación geográfica, asociadas al trópico, al río Orinoco o la geología y el paisaje donde se emplaza, sino que también es escenario de procesos sociales complejos, cuyo análisis ameritaría estudios de especialistas; sin embargo, a los efectos de este texto debemos mencionar dos que resultan muy relevantes. Por una parte, Puerto Ayacucho ha sido y es hoy  con mayor intensidad centro receptor de población indígena proveniente del interior del estado. Población con una gran diversidad cultural entre ella y cuyos motivos son también diversos; probablemente, antes en busca de mejores condiciones de vida y hoy por mantener la vida ante la situación de anomia que prevalece en esos territorios. A ello debemos añadir la incorporación creciente de población no indígena, nacionales y extranjeros, que en conjunto compiten por espacios y recursos cada vez más escasos, originando la precariedad que en general experimentamos todos los que aquí vivimos, ante la ineficacia acumulada de los gobiernos en proveer condiciones satisfactorias para la vida humana.
El otro proceso a destacar se refiere a la conversión de Puerto Ayacucho en escenario de la implementación de un modelo extractivista minero ilegal, que si bien no acoge propiamente a la mina y su particular dinámica, resulta el epicentro de las decisiones políticas que lo permiten (o se oponen con poca fuerza): el tránsito de combustible y otras mercancías, incluyendo alimentos escasos; atención médica; servicios financieros; los permisos de movilización de personas; las acciones de control y una parte del comercio del producto (oro), entre otras, que en conjunto han trastocado el funcionamiento tradicional de la ciudad. La economía, como expresión final del inter relacionamiento social, muestra su peor cara: escasez, altos precios, especulación, lo que ha motivado una competencia poco racional entre sus habitantes, que se expresa en la pérdida de valores esenciales para la vida en sociedad. Esta situación acompaña la degradación sostenida del equipamiento urbano, especialmente centros de salud y educación, vialidad, transporte público, agua potable y energía eléctrica.
A título meramente indicativo, entre los objetivos a alcanzar para lograr que Puerto Ayacucho vaya hacia la  sostenibilidad, entre otros, tenemos:
ü   Elevar las condiciones de vida de todos.
ü   Cubrir satisfactoriamente las necesidades básicas de todos.
ü   Garantizar el mayor nivel de seguridad pública y personal posible.
ü   Ofrecer vivienda digna para todos.
ü   Mantener condiciones de salud e higiene satisfactorias, acorde con los parámetros internacionales.
ü   Dotar de sistemas de educación transformadora y de calidad.
ü   Propiciar la cohesión social

Entre los principales retos a enfrentar podemos señalar:

ü   Lograr la mayor autosuficiencia               energética, mediante el  aprovechamiento de la energía solar y el caudal del río Orinoco, convertido en energía hidroeléctrica.
ü   Impulsar diseños de infraestructura ecológica para la vivienda y los servicios, aprovechando materiales locales.
ü   Implementar sistemas de aprovisionamiento  de agua para el consumo humano y de tratamiento para el reuso en actividades agrícolas, industriales, de riego y para su devolución al ecosistema en condiciones apropiadas. Los ríos Cataniapo, Orinoco y otros afluentes del sector norte, hacia donde se expande la ciudad, presentan características apropiadas para estos fines.
ü   Establecer sistemas sostenibles de recolección y disposición de los distintos tipos de desechos.
ü Promover y regular sistemas de transportes públicos eficientes y no contaminantes, reduciendo sustancialmente el consumo de combustibles fósiles.
ü   Dotar y mantener el mayor número de árboles, parques, plazas y áreas verdes comunes.
ü   Fomentar la agricultura urbana familiar y ecológica.
ü   Desarrollar las capacidades para el uso turístico y recreativo del río Orinoco.
ü   Fortalecer el protagonismo y la organización social.
ü   Generar condiciones para el trabajo productivo, socialmente protegido por el Estado, que fortalezca la economía urbana sostenible.
ü   Incentivar el mantenimiento y la rehabilitación de la infraestructura.
ü   Normar el crecimiento urbano y especialmente el uso sustentable del agua.

Sin duda es una tarea ardua pero necesaria; requiere un esfuerzo integral: técnico, financiero y sobre todo de la voluntad de todos para transformar  esta realidad injusta en otra más ética, más digna de la condición humana.
 
Áparo Acústico
Mirador CAICET



martes, 15 de enero de 2019



ESTE 10 DE ENERO DE 2019 SE CUMPLEN 3 AÑOS DEL EPISCOPADO DE MONSEÑOR JONNY REYES... LARGA VIDA, BUENA SALUD Y UN TRABAJO FRUCTÍFERO SON LOS DESEOS DEL PUEBLO DE AMAZONAS.


Juan Noguera
CNP. 22.732.
Hace tres años Monseñor Jonny Eduardo Reyes, recibió de manos de Monseñor José Ángel Divassón, la responsabilidad de conducir la Iglesia de Amazonas. Dura responsabilidad en momentos difíciles, pero con una voluntad férrea ha conducido a nuestra iglesia local a buenos puertos. Una de sus preocupaciones en estos tres años es que miles de hombres y mujeres a lo largo de Amazonas, asuman el verdadero rol de ser servidores públicos. Así programas tan importantes en el campo educativo, en la salud y en la administración pública pueden ser con entereza y firmeza pueden ser instrumentos para la transformación del mundo.
Desde el punto de vista de las relaciones internacionales ha asistido a la visita Ad Limena a la Ciudad del Vaticano junto al resto de los Obispos venezolanos, donde tuvo la oportunidad de tener cara a cara una conversación con el Papa Francisco. También sostuvo reuniones con diversas instancias del gobierno vaticano, para dar cuenta de los avances que ha tenido la iglesia de Amazonas.
Durante estos últimos meses ha trabajado con insistencia en la preparación del Sínodo de la Amazonía. También asistió en el mes de julio al Congreso Americano Misionero en Bolivia.
En la Conferencia Episcopal Venezolana, asumió la responsabilidad de llevar adelante la Comisión de Pueblos Indígenas y Misiones. Esta responsabilidad le permitió realizar un viaje a Lima (Perú) para asistir a un Encuentro Episcopal sobre pueblos indígenas, con una importante carga de conclusiones y futuras acciones en camino de programación.
También es importante destacar que desde hace dos años bajo su gestión episcopal se ha llevado adelante un trabajo de cooperación entre la UNICEF y el Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho que conduce a un mejoramiento de la calidad educativa en las escuelas católicas adscritas a la AVEC. De allí se espera llevar a cabo un Plan de Educación Intercultural Bilingue en los próximos años.
En materia de comunicación social, es importante señalar que en su gestión se ha iniciado un proceso de mejoras tecnológicas tanto para Raudal Estéreo como para Amavisión. También se ha consolidado la conformación del equipo editorial de la Revista Iglesia en Amazonas.
En materia social se destaca la creación de Cáritas-Amazonas en diciembre de 2017 y el apoyo a los familiares de los detenidos que fallecieron en la toma en el centro de reclusión de Puerto Ayacucho.
La gente de Amazonas pide a Dios en este tercer aniversario de Episcopado de Monseñor Jonny Reyes que lo siga iluminando y bendiciendo su trabajo entre el pueblo amazonense.
BUENOS DESEOS Y QUE SU EPISCOPADO CONTINÚE SIENDO FRUCTÍFERO PARA BIEN DEL PUEBLO DE AMAZONAS.